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2019 | Quero, Toledo | Escuela de Arquitectura de Toledo
Taller de Proyectos IV
A lo largo del tercer curso el taller giraría en su totalidad en torno a un único lugar. Quero es un pequeño pueblo que apenas llega a los 1.000 habitantes, ubicado en la zona de La Mancha limítrofe entre las provincias de Toledo y Ciudad Real. Advertí que, más alla del típico ambiente de pueblo toledano que ya había sentido muchas veces con el pueblo de mi familia, en este lugar se acentuaba la sensación de ser un sitio por el que apenas pasa el tiempo. La mayoría de las calles estaban dominadas por casas bajas de una sola altura, pintadas o encaladas como solíamos ver cuando íbamos a visitar a nuestros abuelos. Algunas puertas o zócalos pintados de azul rompían con la monotonía, típicos de localidades de la Mancha con un característico aire cervantino. Una falla geológica elevada varios metros sobre las casas presidía el pueblo en su zona norte. Esta falla estaba dispuesta de este a oeste, y en su interior los antiguos pobladores de la zona se sirvieron del cambio de nivel para horadarlo y construir casas-cueva en su interior.
Los proyectos a desarrollar en este taller se enfocarían en cinco categorías que serían el paisaje, las calles, las casas y las tapias. En mi caso, el ámbito fue el paisaje. Dentro de todos los elementos significativos que podríamos englobar aquí encontramos el camino que une al pueblo con la antigua estación de tren, la laguna de sal, la laguna del Taray, los interminables viñedos y la falla geológica. Yo me decanté por esta última en base a un problema que habia advertido en los paseos que dábamos por el lugar durante los cuatro días que estuvimos vivendo en el pueblo: era un sitio con vistas preciosas que se extendían más allá del pueblo, sus viñedos y la laguna, hacia la infinita llanura manchega, pero estaba claramente desaprovechado y lleno de desperdicios. Cuando subías ahí arriba podías ver todo lo que daba de sí el sitio, y sin embargo no era tan accesible como se desearía. Bajo nuestros pies la tierra ocultaba cuevas excavadas en la falla que servían de extensión a las viviendas construidas contra la pared de caliza. La carretera CM-3012 conecta con La Villa de Don Fadrique, al norte, y se bifurca poco antes de llegar a la falla.
Con todos estos elementos, se plantea hacer de buena parte del terreno que ocupa la parte superior de la falla un vestíbulo previo al pueblo. Limpiar de escombros y deshechos una zona degradada para convertirla en una suerte de parque-mirador desde donde contemplar el paisaje sobre los tejados de Quero. Para llegar al mirador, un paseo por sus laterales o unas escaleras. Para los residentes de las casas cueva, aberturas horadadas en la roca desde las cavidades de la propia falla. Tras el mirador, una grieta oculta se adentra en el terreno para resguardar vehículos bajo paneles solares, distribuidos a lo largo de la falla de este a oeste y con entradas y salidas dispuestas para llegar de manera cómoda desde la carretera que el pueblo recibe al norte. Un lugar para que los visitantes puedan dejar su vehículo y tener una primera vista de su visita a Quero, desde los molinos sobre la falla hasta más allá de los tejados, las viñas y las planicies de La Mancha.